Ecosistema escénico



El cuento



Había una vez una pandilla de [RAROS] que decidieron meterse en el mundo del espectáculo en plena crisis, con la pandemia del Covid-19 en su punto más álgido y los telones bajados hasta fecha incierta.

“¿Pero quién puede ser tan idiota de hacer algo así?”

Bueno…,

nosotros.

Y sí. No te falta razón. Era un momento muy complicado.

La tormenta perfecta.

Pero...,

¿podría haber mejor oportunidad para entrar en acción que un mercado en proceso de transformación?

La verdad es que no sabíamos la respuesta.

Éramos “los nuevos de la clase” y había muchas cosas que desconocíamos.

Sin embargo, estábamos convencidos de que nuestro mayor defecto (“ser aprendices”) podría ser nuestra mayor virtud porque nuestra manera de ver las cosas podría resultar descaradamente refrescante.

Por ejemplo,

antes del coronavirus, lo que veíamos era un sector de los musicales muy pujante pero con un modelo orientado casi en exclusiva a la licencia de obras consagradas, con un bajo emprendimiento escénico y con sólo unos pocos operadores en el mercado.

Sin duda, un sector muy profesionalizado y potente, con grandes artistas, creativos y técnicos pero con reducida visión de conjunto, escasa sincronización y costumbres tan arraigadas que se volvía muy rígido en términos de gestión.

Y a día de hoy, con la nueva “anormalidad” ya instalada, incluso podemos ver algo más: un sector desconcertado, poco arriesgado y que parece no querer asumir que hay cosas que no volverán a ser como antes.

Fíjate.

Todos los sectores han reaccionado. Todos se están reinventando. Y en cambio, en la industria del espectáculo nos hemos quedado paralizados, encadenados por propia voluntad a pensamientos y comportamientos atávicos y sin capacidad de adaptación.

Pero espera.

Que nos estamos desviando del cuento y tú lo que quieres es saber cómo acaba, ¿no?

Pues no acaba.

O sí.

Acaba. Pero de empezar.

Porque estamos seguros de que el sector escénico, especialmente el Teatro Musical, tiene un potencial de proporciones gigantescas pero debemos ser más ambiciosos y valientes para atrevernos a cambiar, evolucionar y avanzar hacia el futuro con nuevas propuestas.

Y colorín colorado, este cuento…

ha comenzado.



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La propuesta



Imagínate.

Vas silbando alegremente por la calle y, de repente, lo ves:

¡Un perro verde!

¿Qué harías?

No sé tú pero nosotros hicimos un logo.

Un bicho [RARO] nunca pasa desapercibido.

Y algo así encaja perfectamente con nuestra esencia.

Porque mira.

A todos los que estamos en el mundillo se nos llena la boca hablando de la necesidad de nuevas propuestas, de propuestas innovadoras, de propuestas diferentes...

Hay que reconocerlo.

Es fácil poner cara de interesante y hablar de cambio, renovación y bla, bla, bla.

Pero presentar al mercado una propuesta de valor que sea verdaderamente disruptiva ya es otro cantar.

Así que... a ver qué tal te suena esto:

Espacio [RARO] es un nuevo concepto dentro del sector escénico.

No es sólo una productora.

Ni tampoco es sólo un teatro.

Es un Ecosistema.

Un conjunto de organismos -artistas, promotores, medios, instituciones e inversores- que se relacionan y conectan entre sí compartiendo el mismo espacio con un objetivo:

El foco, en el espectador.

Él debe ser el verdadero protagonista porque sin éxito comercial no es posible atraer capital ni desarrollar un tejido empresarial capaz de generar valor, riqueza y oportunidades.



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La oportunidad



¿Quién no ha soñado alguna vez con una oportunidad?

Está claro.

Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos necesitado una mano tendida, un primer impulso o un voto de confianza.

Sin embargo, en España, la industria de los musicales parece estar concentrada en brindar oportunidades a los que no las necesitan, a los valores seguros, a los nombres y títulos tan reconocidos como reconocibles.

Nada en contra.

Nosotros también hemos pecado.

La única diferencia es que a nosotros nos resulta mucho más interesante -a todos los niveles, desde el artístico al económico- ayudar al talento por el que nadie apuesta:

el talento sin marca pero con sello propio.

Dicho esto,

si eres artista, técnico o creativo y te sientes aludido, presta atención:

el talento por sí solo no es garantía de nada.

Absolutamente de nada.

Así que si piensas que esto va de que “te descubrimos y ya está'', lo sentimos pero ya puedes dejar de leer.

Porque lo que nosotros te proponemos es una auténtica aventura.*

Una aventura llena de malos ratos, frustraciones, insomnio, nervios e incertidumbre.

Pero también la aventura más bonita, emocionante y enriquecedora de tu vida.

Y ahora que ya sabes lo que hay,

¿te ilusiona emprender en el sector escénico?

Ok.

Pues preséntanos tu proyecto y si hay una buena materia prima te formaremos para que aprendas a planificar y gestionar su desarrollo con pensamiento crítico, visión 360º y habilidad para manejar los riesgos.

¡Bienvenido a Espacio [RARO]!

*Absténganse personas de piel fina y adictos a la zona de confort.



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La riqueza



Lo que te vamos a confesar ahora no te va a gustar.

O tal vez sí.

Quién sabe.

En todo caso, es mejor decírtelo sin paños calientes:

esto es un negocio.

Venga.

No nos odies todavía.

Te comprendemos.

Cualquiera en tu lugar se esperaría una declaración de intenciones más noble, algo en la línea de...

en Espacio [RARO] queremos salvar a las ballenas y hacer un mundo mejor”.

Y no es que no queramos pero lo de salvar ballenas nos sería un poco difícil estando en Madrid. Sin embargo, lo de hacer un mundo mejor tampoco va muy desencaminado.

Porque, al fin y al cabo, un negocio no es más que una iniciativa privada para impulsar esfuerzos, generar bienestar y distribuir riqueza.

¿Acaso no es ésa una fantástica manera de hacer un mundo mejor?

Mira.

No sabemos a qué te dedicas pero es seguro que tenemos una cosa en común:

tú ayudas con lo que sabes hacer,
nosotros ayudamos con lo que sabemos hacer,
y, al final, todos estamos mejor.

Así que, ¿por qué no decirlo?

Sí. Somos un negocio.

Y, como tal, buscamos la rentabilidad.

Pero la rentabilidad a través del éxito comercial.

No a través de la “subvencionitis”.

Porque un negocio que no es rentable es un negocio que no gusta o que no aporta suficiente valor o simplemente que no es necesario. Y siendo así, ¿qué sentido tiene recibir una subvención? Sería como premiar la ineficiencia, ¿no?

Otra cosa es que la subvención pudiera funcionar como un “bonus” destinado a aquellos proyectos sobre los que ya existiese una base tangible de éxito e interés. En ese caso, hablaríamos de un incentivo más pero nunca de una palanca de crecimiento.

Nosotros, por lo menos, lo vemos así.

Por eso buscamos seducirte con historias emocionantes, historias que la gente quiera pagar para ver y en las que, precisamente por esa razón, tú quieras invertir.

E invertir no sólo por un simple interés en la optimización fiscal sino también por la sana rentabilidad, por el afán de impulsar la cultura y, por supuesto, por el compromiso y la trascendencia social.

Como decimos en nuestro Manifiesto de Marca queremos que tu dinero sea rentable, útil y reconfortante.

Y para lograrlo nos hemos propuesto tres cosas:

  1. Organizar un ecosistema de emprendimiento artístico que facilite la identificación de oportunidades de inversión y, a partir de ahí, que active el desarrollo -aplicando metodología startupera- de proyectos de alta escalabilidad a corto plazo con un patrón de éxito mayor al del sector tecnológico.
  2. Crear y coordinar estructuras de financiación que posibiliten atraer recursos a este tipo de proyectos.
  3. Convencer a las autoridades no sólo del valor cultural del sector sino también del valor económico con el objetivo de obtener más disponibilidad y cooperación para potenciar espacios, fortalecer el tejido empresarial y configurar un esquema fiscal favorable para la reinversión.



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